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Edgar Vargas

Violonchelista, innovador, gestor cultural, escritor y conferencista, nacido en Bucaramanga,  con amplia trayectoria pedagógica en todos los grados de educación escolar. Su tarea como formador de orquestas sinfónicas juveniles es ampliamente reconocida en Colombia, gracias a su contribución en la creación y desarrollo de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Cerrejón y el movimiento para la creación de centros de formación orquestal del departamento de la Guajira, que se implementó en el año 1995, con ayuda de la Fundación Batuta y la empresa el Cerrejón. Igualmente importante fue el apoyo que brindó a la consolidación del programa de extensión musical de la Universidad del Norte en Barranquilla,  donde se adelantó gracias a los misma gestión la primera sede del programa Batuta en el Atlántico, en el Centro Cultural Cayenas. 

 A cartagena llegó hace 20 años, y fundó la Escuela privada La Sinfónica, que opera en el exclusivo sector de Bocagrande, desde donde asesoró  por cerca de 15 años, los programas musicales de los colegios Jorge Washintong, Gimnasio Cartagena de Indias y Británico de Cartagena. 

Durante los  últimos 14 años de su vida, se dedicó a consolidar la Fundación Música por Colombia y la Red de Centros Orquestales de Cartagena, una experiencia musical que reúne a 2.200 estudiantes de todos los estratos y condiciones sociales que desarrollan su talento artístico de manera gratuita en Orquestas Sinfónicas,  Grupos de Cámara, Bandas de Vientos, coros infantiles y juveniles y programas de alfabetización musical distribuidos en 14 Centros de Formación musical .

Su deseo innato de contribuir al mejoramiento de la calidad de la educación musical en Colombia, lo llevó a desarrollar el Software Vivaldi Master Class, una herramienta tecnológica con al que espera ofrecer soluciones reales para lograr el sueño de alfabetizar musicalmente a millones de niños colombianos y de toda latinoamérica. 

 

ESTA ES SU HISTORIA

Cuando Edgar Vargas decidió trabajar por primera vez como profesor de música, lo hizo impulsado por la necesidad de liberarse de la incomodidad que representaba para él, pedir prestado a diario el violonchelo que tanto amaba, en la facultad de música de la Universidad Industrial de Santander. Por aquella época había decidido apostarle su vida a tocar ese instrumento y como no tenía dinero para comprar uno, convencido de que la decisión de enseñar sería solo un trabajo momentáneo que además no requería mucho esfuerzo de su parte, decidió aceptar sin pensar mucho, el cargo de maestro de música del preescolar de uno de los colegios de mayor prestigio Bucaramanga, su ciudad natal: el colegio San Pedo Claver.

 

Hoy recuerda con cierta ironía que su aventura pedagógica comenzó treinta años atrás, basada en su completa ignorancia como docente y el resultado de enfrentarse a un grupo de niños de cinco años que lo esperaban con sus ojos abiertos de par en par, armado  únicamente de una guitarra y la arrogancia que su formación de ocho años de conservatorio, lo condujo directamente a la tragedia de verse rodeado de 25 bebés que lloraban sin parar,  sufriendo las consecuencias de que su nuevo maestro  empleara la estrategia  de solucionar con  gritos lo que solo puede lograrse con amor.

Sin embargo su buena fortuna como maestro no se detuvo en ese  frustrado encuentro y gracias a sus compañeras de trabajo, para quienes la llegada del profesor de música representaba no solo una hora de descanso a la semana, sino el encuentro con un personaje medio loco, que no terminó nunca de agradecerles con canciones, que fueran ellas sus verdaderas maestras en el arte de enseñar a niños en edad temprana, Edgar Vargas logró desempeñarse como docente de música  desde el año 1983 hasta 1990, primero tres años en pre escolar y luego como docente en primaria cuatro años más en el mismo colegio, donde formó la Tuna más hermosa que tuvo la ciudad, dos grupos de cámara de instrumentos de cuerda y un coro infantil. Paralelo a su trabajo docente continuaba con su formación en el Conservatorio Departamental de Música de Santander, en donde participaba como primer cello de la orquesta de cámara y era profesor asistente en la facultad de música y cellista de la Orquesta Sinfónica de la UIS.

Su proceso de aprendizaje como docente se vio fortalecido gracias a la fuerte influencia que ejercieron sus primeros empleadores los padres jesuitas, expertos pedagogos y administradores escolares que le imprimieron a su vida laboral el sello vocacional como maestro. Toda ésta experiencia le valió la buena fortuna de ingresar en el segundo semestre de  1990, como maestro de música del Colegio Albania de la empresa El Cerrejón en la Guajira, en donde gracias al respaldo de EPSON MOVIL,  logro consolidar la Orquesta Sinfónica Juvenil del Cerrejón,  un programa de música que abrió la puerta no solo a los 400 estudiantes que lo integraron en su momento dentro del complejo carbonífero, sino a miles de jóvenes  que pudieron cumplir su sueño de hacer música gracias al impulso que este gestor natural le dio a los proyectos como Batuta y la formación de centros orquestales en toda la zona del Cesar, la Guajira, el Magdalena y Barranquilla, donde fundó la primera sede de extensión musical en el centro cultural Cayenas de la Universidad del Norte, semillero de la extraordinaria facultad de música que hoy  es orgullo de esa prestigiosa institución.

Su vida como docente se combinó siempre con el emprendimiento y mucho antes de que esa palabra estuviera de moda en el lenguaje de los creadores de empresas, la necesidad de auto gestionar sus proyectos artísticos era ya su prioridad. Por eso, no dudó nunca en apoyar la quijotesca gira del ballet Bolshoi por la Guajira, mientras alternaba sus proyectos musicales con la organización de conciertos de la Orquesta de Aragón y la Orquesta Sinfónica de Cuba, para luego realizar con los recursos recogidos, giras nacionales con sus estudiantes por media Colombia. Tal vez, su idea más osada la cumplió 1996, cuando organizó sin un peso, el primer encuentro binacional de Orquestas que recorrió todo el Caribe colombiano y concluyo con una gira que incluía la movilización de trescientos músicos desde Barranquilla hasta Caracas. Esta experiencia despertó su admiración por los programas musicales del Sistema Nacional de Música de Venezuela, que fundó el maestro Antonio Abreu, de quien aprendió la técnica para dirigir y liderar programas masivos de formación musical para jóvenes. Éste aprendizaje quedó registrado para siempre en una de las secciones más emotivas del documental que realizó el cineasta Albero Arbelo, para CNN, en el barrio Nelson Mandela, dedicado a la vida y obra de Gustavo Dudamel, cuando fue elegido como director de la orquesta sinfónica de los Ángeles, en el que se muestra como la gran obra musical del maestro Abreu, se refleja tanto en su discípulo más prestigioso, como en la entrañas de los sectores menos favorecidos de  Colombia y Latinoamérica, en donde Edgar Vargas, acababa de  iniciar su última y más importante empresa cultural: La Fundación Música por Colombia.

 

Hace 20 años llegó a Cartagena para fundar una escuela de música privada en el prestigioso sector de Bocagrande, donde solo atendería niños pertenecientes a las familias de mayor poder adquisitivo de la ciudad, pero la chocante realidad de enfrentarse día a día, a una ciudad dividida como ninguna por el dinero, lo impulso de nuevo a tratar  de hacer posible lo imposible y hace 14 años, acompañado de su esposa María Jimena Días y motivado por la llegada de su único hijo Juan Salvador, fundó el primer Centro de Formación  Orquestal en el barrio Nelson Mandela en la institución educativa Jesús Maestro con 80 niños. La semilla musical dio fruto rápidamente porque Cartagena es una tierra llena de talento, y con respeto y amor, siempre será posible convertir la necesidad en combustible para la felicidad.

 

Hoy existen 14 Centros Orquestales, que atienden de manera gratuita a mil ochocientos niños de escasos recursos, gracias al apoyo de importantes empresas. Cuando la gente le pregunta: ¿Cómo hizo, para que empresas como SIEMENS, Fundación Mamonal y sus aliados Ecopetrol, Reficar, Esntehia by Propilco, CABOT, La Fundación Proboquilla, Cotelco, Postobon, entre otras, lo ayudaran  a construir sus proyectos, o para que la Sociedad Portuaria de Cartagena siga siendo el patrocinador de su Orquesta Principal, o qué el Concurso nacional de Belleza le done 100 instrumentos y que  la Universidad Autónoma de Nariño le facilite su hermosa sede del Claustro de la Presentación, en pleno centro histórico y le  sirva como sede de ensayos?  Él contesta simplemente que no lo sabe. Y si alguien le pregunta: ¿Cómo logró el patrocinio de la Fundación Mario Santodomingo, para el proyecto del barrio del Bicentenario, o cómo Zeus Tecnología se vinculó a su programa de becas universitarias? contesta exactamente lo mismo: No lo sé.

Pero entonces, ¿Cuál es el secreto para que la orquestas de la red, compartan escenario con Placido Domingo o Fito Páez, reciban  presidentes de todo el mundo, canten por igual para el Papa o  para los Reyes de España, Bill Gates o el presidente de Su África; inauguren museos en Washington como embajadores culturales de Colombia,  reciban la llaves de la ciudad de Cartagena y que su gestión sea objeto de referencia de la revista semana o el periódico  el tiempo que dedico una página entera a la columna del prestigioso periodista  Juan Gossaín en la cual se  destaca su trabajo, después de ser invitados especiales al festival internacional de música durante tres años consecutivos  y ofrecido más de 1000 conciertos a lo largo de su trayectoria artística? Su respuesta en este caso que es más amplia y contundente:  "En la Fundación Música por Colombia, absolutamente todos trabajamos por amor”

Asegura además que: “Aquí, todos aman lo que hacen; sienten la música desde el corazón y por eso transmiten ese amor en cada sonido, en cada presentación, en cada encuentro”.  Y remata diciendo: “Vivimos y respetamos lo que hacemos y lo compartimos desde nuestra esencia.”

 

Su amor por la música, su coherencia pedagógica basada en la experiencia y su espíritu innovador se reflejan en cada detalle que acompaña al software Vivaldi Master Class, su más querida y reciente creación. Con ella espera cumplir el sueño de alfabetizar a Colombia musicalmente porque está convencido que la música es una herramienta de transformación social y humana inigualable. Por eso, desde hace cuatro años se dio a la tarea de crear una herramienta tecnológica que cumpliera la misión de enseñar música de manera fácil y divertida a cualquier niño o persona que deseara aprender a tocar un instrumento sin necesidad de tener conocimientos previos. El objetivo del software es dotar a 50.000 colegios de Colombia que no cuentan con programa de música en sus aulas, por falta de recursos económicos, abriendo así una posibilidad  invaluable para el desarrollo del talento artístico del país y Latinoamérica.

 

Edgar Vargas, escribió dos fantásticos libros para niños y jóvenes: Los cuentos de Juan, “corriendo el riesgo de vivir sin miedo”, y Milagros para Juan, una serie de cuentos y relatos de extraordinario poder reflexivo para niños y jóvenes, y desarrolló el programa La Lecto escritura y el ritmo, que comparte con maestros de todo el país en su conferencia “Efecto Vivaldi”. Actualmente es el director de la Orquesta Sinfónica juvenil de Cartagena y la Fundación Música por Colombia.